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Historia de un vaquita El principio de todo Harpo venía de una casa donde había muchos gatos, la de nuestro compañero Jesús. Un accidente se lo llevó demasiado pronto y, de golpe, todas esas almas se quedaron sin "su persona". No había consuelo para ellos, ni la familia, ni nosotras. Nos secamos las lágrimas, como hacemos siempre, y manos a la obra, había que encontrarles un nuevo hogar. Los más pequeños fueron saliendo, como suele pasar. Los más llamativos, naranjas, ojos azules... Pero al final quedaron ellos: las “vaquitas” , blancos y negros, y adultos. Los que no encajan en la foto perfecta. Los que nadie elige. Como Harpo. Os dejamos el testimonio de Sonia, nuestra Sonia, la nueva mamá de Harpo. Sabemos que os va a emocionar... El encuentro con Harpo Entré en esa casa, que había estado llena de vida y en la que quedaban solo los que nadie quería... Solo por su edad o su raza, por la ignorancia de la gente... o qué se yo, si solo soy una humana con ganas de ofrecer todo ...
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Gatos negros: los grandes invisibles En las protectoras y casas de acogida se repite siempre la misma historia: los gatos negros son los últimos en encontrar familia. Mucha gente se fija antes en los gatos blancos, naranjas o atigrados, y ellos quedan en segundo plano (o tercero). Por eso pasan meses, incluso años, en acogida sin conseguir su lugar definitivo en el mundo. Y, sin embargo, los gatos negros no tienen nada que envidiar a los demás. Su pelo brilla y tienen una elegancia natural que los hace únicos. Son los más “felinos” son tan elegantes... y a la vez sorprenden por lo cariñosos, juguetones y agradecidos que son. Quien vive con ellos lo sabe: detrás de esa apariencia "seria" se esconde un compañero leal y lleno de ternura. Mango y Kiwi son un buen ejemplo. Son dos cachorros de apenas 3 meses que sobrevivían juntos debajo de un contenedor. Ahora están a salvo, en una casa de acogida donde reciben cariño y cuidados. Pero no queremos que crezcan allí. Necesitan un...
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 Nilo: el pequeño gatito que decidió salir de la calle. Nilo es un gatito de unos seis meses, de color pardo azulado, muy guapo y con carita dulce.  Su vida empezó de la manera más dura: en un polígono industrial, donde cientos de gatos se buscan la vida entre la basura de las fábricas. La vida en la calle es cruel, especialmente cuando tienes hambre y nadie te mira, eres invisible. No importas, no existes, no estás ahí. Nilo estaba muy delgado, y su futuro parecía ser solo sobrevivir un día más. Rodeado de camiones, coches y sin comida. Sin futuro. Ana tenía turno de tarde y salió de trabajar de noche, cansada y con ganas de llegar a casa. Al llegar a su coche vio un grupo de gatos. Solo uno, pequeño y gris, la miró fijamente. Sin nada para darle, Ana volvió a casa con esa imagen clavada en la cabeza. No dejaba de pensar en él. Casi a medianoche, volvió al polígono con comida y un transportín. El pequeño Nilo decidió ese día que quería otra vida: casi se subió al coche sin du...

Los grandes invisibles

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Cuando pensamos en adoptar un gato, imaginamos un cachorro juguetón, un siamés, un naranjita, uno blanquito... uno de esos que salen en los vídeos de Redes Sociales haciendo monerías… y nadie se acuerda de esos que pasan desapercibidos, que ven cómo los demás encuentran un hogar mientras ellos siguen esperando. Son los grandes invisibles: gatos negros, adultos, positivos a inmunodeficiencia felina (FIV), leucemia, o aquellos que han sufrido cirugías como una exodoncia (extracción de dientes), o los que les falta un ojito... Estos gatos tienen menos oportunidades de ser adoptados simplemente por prejuicios o desconocimiento.  Los gatos negros, por ejemplo, todavía arrastran absurdas supersticiones que los hacen menos “adoptables”: dan mala suerte, tienen mal carácter… ¿en serio?  Los positivos a FIV, aunque pueden vivir muchos años y con buena calidad de vida, son rechazados por puro desconocimiento. Un gato positivo a leucemia vive sus días en un refugio o, con muchísima suert...
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  Breve apunte sobre la ternura      La definen como “la expresión más serena, bella y firme del amor” y sí, lo es. Dicen también que es un sentimiento humilde y sincero. Y lo es. Pero la ternura, lo que sí es con seguridad, es una respuesta a una pequeña provocación que nos llega a través de lo que nos rodea, agazapada entre caricias, juegos sutiles   o miradas.   Está claro que los niños son la máxima   expresión de la ternura por su forma de percibir el mundo, con toda su inocencia, su bondad, y esa malicia que huele a Nenuco   y que los que hemos tenido niños reconocemos y amamos. Y es eso, exactamente eso, lo que nos llega a través de nuestro perro, gato… inocencia, bondad, mucho juego y alguna travesura. Porque perros y gatos son verdaderos especialistas en arrancarnos una sonrisa, una   carcajada, un abrazo y, muy a   menudo, toda la ternura de la que somos capaces. Ellos, son como pequeños magos, alquimistas que pueden tr...